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Miercoles 8 Sep 2010

Ciberespacio: un espacio para la igualdad

Internet fue creado a principios de la década de 1960 fruto de la colaboración de universidades norteamericanas y el Pentágono (Naughton 99). Fue presentado como un “lugar” en el que el acceso a la información y la libertad de comunicación auguraban una nueva edad en la historia de las relaciones humanas. Internet se había popularizado a partir de 1989 gracias al CERN (Laboratorio Europeo de Física de las Partículas), que presentó el Protocolo de Transferencia de Hipertexto (HTTP*) como un medio para compartir los datos científicos a nivel internacional de forma instantánea y con un coste bajo. Gracias al hipertexto una palabra o frase podía ser enlazada, o estar vinculada, con otro texto. El programa denominado HTLM, también del CERN, permitió a los usuarios conectarse fácilmente a otras páginas en la Red.

El término Ciberespacio fue acuñado por el escritor de ciencia ficción William Gibson en la novela Neuromante, y la primera vez que se aplicó al espacio global electrónico-social existente (Internet) fue por John Perry Barlow en su ya mítico manifiesto “Declaración de independencia del Ciberespacio”. En dicho manifiesto, Barlow, expresaba su decepción por la forma en la que los gobiernos industriales intentaban reproducir los patrones del mundo industrial en el mundo virtual, un mundo que él denominaba “el nuevo hogar de la mente”. Barlow afirmaba estar “creando un mundo al que todos podrán acceder sin privilegios ni prejuicios debidos a su raza, poder económico, fuerza militar o nacimiento”. Unas palabras en principio asociadas a la utopía pero que ya habían pronunciado muchas personas antes que él en relación a Internet.

En determinadas instancias ha resultado muy difícil trascender los límites de la sociedad que lo creó pues Internet requiere que los “ciudadanos del ciberespacio” lo conviertan en un lugar en el que todos los usuarios se encuentren cómodos, incluso cuando no estén de acuerdo entre sí. A pesar de las buenas palabras, algunos colectivos desconfiaban de este medio pues consideraban que sus raíces se hundían en el complejo militar y en la industria lo que, según Zoonen, inevitablemente constituye un medio profundamente arraigado en códigos y valores patriarcales (218**) , pero pronto vieron las posibilidades a las que Barlow habría de dar voz décadas después.

En 1970, Shulamith Firestone incluyó Internet como medio necesario en la revolución femenina expuesta en su libro The Dialectics of Sex (La Dialéctica del Sexo). La finalidad de la revolución de Firestone era dar un vuelco a la sociedad patriarcal, eliminar el sexo como clase social así como las diferencias basadas en la raza y poder adquisitivo, cambiar las estructuras familiares biológicas ancladas en relaciones de poder estáticas y redefinir el concepto de trabajo. En la sociedad post revolucionaria los medios electrónicos servirían de memoria colectiva y el aprendizaje ya no estaría basado en la memorización de datos sino en la habilidad de aprender a programar y a emplear las nuevas tecnologías (11-12).

La relación entre mujeres y máquinas es explorada por Sadie Plant, en su libro Zeros and Ones (en el que se refiere a los hombres como Unos y a sus opuestos binarios, las mujeres, como Ceros). Esta relación, que trata de la problemática que rodea a la identidad, a la tecnología y al cuerpo, se encuentra en el centro del movimiento contemporáneo definido como ciberfeminismo. Alex Galloway afirma que las raíces teóricas del ciberfeminismo “tienen tendencia a brotar de una interesante mezcla entre Donna Haraway, los feminismos de la tercera ola franceses y el postestructuralismo”. El ciberfeminismo abarca (y necesita) en su propia naturaleza una práctica descentralizada, múltiple, en la que muchas líneas de conocimiento coexistan. Es importante hacer hincapié en el convencimiento de Plant de que la revolución que cuenta es la ciberrevolución.
Plant incluso va un paso más allá en su idea de lo que supone Internet y contempla un futuro dominado por usuarias, así como usuarios, quienes se verán obligados a adoptar patrones femeninos de comunicación: “Las conexiones indirectas, circulares a las que las mujeres han sido asociadas desde siempre y las redes informales en las que siempre han destacado se han convertido en protocolo para todo el mundo” (1997 144). Eva Lyford en “Thoughts on Utopia” (“Pensamientos sobre Utopía”) recalca que las mujeres han empleado tradicionalmente un estilo de comunicación que es más colaborador y provoca menos conflictos que el empleado por los hombres.

Faith Wilding y el Critical Art Ensemble***  han señalado en el estudio sobre el ciberfeminismo “Where is Feminism in Cyberfeminism?” (“¿Dónde está el Feminismo en el Ciberfeminismo?”) que el territorio que abarca es amplio. Algunas de las preguntas a las que Wilding busca respuesta son “¿Cómo marca nuestro género la tecnología? ¿Escapa Internet de la discriminación manteniendo en el anonimato el sexo del usuario? ¿Puede ayudarnos la tecnología a superar el patriarcado?”. Wilding afirma que muchas ciberfeministas consideran el medio electrónico como una tecnología capaz de ofrecer a la mujer la oportunidad de comenzar de nuevo, crear lenguajes, programas, plataformas, imágenes, identidades fluidas y definiciones polisubjetivas.

La idea de múltiples y fluidas identidades de Wilding es compartida por Sherry Turkle, conocida por defender que Internet permite activas renegociaciones del propio yo, particularmente en el contexto de las comunidades virtuales. Sandy Stone ha adoptado una postura similar en su deseo de superar las categorías binarias de género, para ello ha sugerido que los cuerpos transgenéricos son naturales y normales en la red, dado que la producción preformativa de los géneros define la comunicación dentro de las comunidades virtuales (180-181).

Las cibercomunidades o comunidades virtuales en Internet son contempladas como una esfera propia en el que los sistemas de género del “mundo real” no son aplicables, un lugar al que uno accede dejando atrás la carne – y con él el cuerpo marcado por el género- y en donde uno es libre de adoptar, tan fácilmente como abandonar, diferentes identidades. Las redes de información en sí mismas son consideradas emancipadoras, y revolucionarias en términos de estructuras de género y relaciones de poder basadas en el género, como en los escritos de Sadie Plant.

En los últimos años, cada vez con más frecuencia, muchas autoras han señalado a Internet como una tecnología cercana a las cualidades básicas de la feminidad (Spender). En la actualidad el acceso a Internet sigue siendo un privilegio, este medio aun está en un proceso de evolución, y el uso que de él se hace ha evolucionado desde su creación. Lo que si podemos afirmar es que la identidad adoptada por cada usuario en Internet, incluyendo la identidad de género, no es más que un agrupamiento de bits por lo que autoras como Rosi Braidotti mantienen que Internet permite una trasgresión de las categorías de dicotomía femenino y masculino construyendo identidades y relaciones que van más allá del género.
Es probable que por fin sea posible alcanzar la idea utópica original que auguraba que Internet sería el lugar en el que el acceso a la información y la libertad de comunicación darían paso una nueva edad en la historia de las relaciones humanas.

*HTTP: Hyper Text Transfer Protocol en inglés original.
** El proyecto estaba impulsado por ARPA, agencia gubernamental que pertenecía al Departamento de Defensa de los Estados Unidos, sin embargo esta agencia se dedicaba a financiar proyectos que mantuviesen al país en la vanguardia del desarrollo tecnológico, independientemente de que tuviesen o no una aplicación militar.
*** Faith Wilding es parte del Critical Art Ensemble, un colectivo de artistas dedicadas a explorar las intersecciones entre el arte, la tecnología, la teoría crítica y el activismo político.

BIBLIOGRAFÍA

  • BARLOW, J. (1996): “A Declaration of the Independence of Cyberspace”. Noviembre 2009. http://w2.eff.org/Censorship/Internet_censorship_bills/barlow_0296.declaration.
  • BRAIDOTTI, R. (1996): "Cyberfeminism with a Difference". Abril 2009. http://www.let.ruu.nl/womens_studies/rosi/cyberfem.htm.
  • FIRESTONE, S. (1970): The Dialectics of Sex: The Case for Feminist Revolution. Bantam Books: NY.
  • GALLOWAY, A. (1998): “Sadie Plant relative to VNS Matrix”. Switch. Electronic Issue 9. 14 Junio. Gender: Art at the Interstice. Noviembre 2009. http://switch.sjsu.edu/web/v4n1/alex.html.
  • GIBSON, W.  (1984): Neuromancer. Washington: Ace.
  • LYFORD, E. (1995): “Thoughts on Utopia” A discussion memo for <IPPS 744: Information Networks Policy> 8 de Febrero. University of Michigan. Septiembre 2008 http://china.si.umich.edu/spp/courses/744/writings95/memo1-version2/lyford.html.
  • NAUGHTON, J. (2000): A Brief History of the Future from Radio Days to Internet Years in a Lifetime. New York: Peter Mayer.
    PLANT, S. (1997): Zeros + Ones: Digital Women and the New Technoculture. London: 4th Estate.
  • SPENDER, D. (1995): Nattering on the Net: Women, Power and Cyberspace. Toronto: Garmond P.
  • STONE, S. (1996): The War of Desire and Technology at the Close of the Machine Age. MIT P.
  • TURKLE, S. (1995): “Constructions and Reconstructions of the Self in Virtual Reality,” in Timothy Druckrey, (Ed.) Electronic Culture. Apertura, 354-365.
  • WILDING, F. (2001): “Where is Feminism in Cyberfeminism?” Old Boys Network 15 Noviembre 2001. Noviembre 2009  http://www.obn.org/cfundef/faith_def.html.
  • Van, ZOONEN, L. (1991): “A tyranny of intimacy? Women, femininity and television news.” En: Dahlgren, P. & Sparks, C. (eds.) Communication and Citizenship. Journalism and the Public Sphere in the New Media Age. London: Routledge, 217-235.

Cristina Alfonso Ibáñez
Doctora en Filología Inglesa
Profesora del instituto Gómez-Moreno de Madrid